Espiritualidad - Enero-Feb, 2017

ABRIRSE A LA POSIBILIDAD

A lo largo de su ministerio, los principales sacerdotes y
los fariseos, e incluso sus propios discípulos confrontaron a
Jesús con la siguiente pregunta: «¿Es legal?». Al preguntar esto
querían saber ¿está bien?, ¿es ético? ¿Dios lo aprueba? ¿está
sancionado por la sociedad? A veces preguntaban esto para
poner a Jesús en un aprieto. Ahora bien, creo que al realizar
estas preguntas los opositores de Jesús y sus seguidores buscaban
la salida más fácil. Al formular una pregunta simple,
cuya respuesta sería sí o no, evitaban la complejidad y las
posibilidades que vienen aparejadas con el cambio.

En Marcos 3:1-5, Jesús entró en la sinagoga y se encontró
con el hombre de la mano seca. Los fariseos observaban,
listos para acusar a Jesús. En esta ocasión, fue Jesús quien
formuló la pregunta: «¿Es lícito en los sábados hacer bien, o
hacer mal; salvar la vida, o quitarla?» (Marcos 3:1-5, RVR).
Los fariseos no respondieron. Mateo, Marcos y Lucas relatan
la historia, pero solo Marcos relata cómo se sintió Jesús ante
el silencio de sus opositores. El versículo 5 nos describe a
Jesús: «. . . mirándolos con enojo, entristecido por la dureza de
sus corazones. . .».

Puedo comprender el enojo; los fariseos trataban de tenderle
una trampa. No tuvieron compasión para el hombre
de la mano seca, y ni siquiera respondieron a la pregunta de
Jesús. Marcos dice también que Jesús se entristeció y es esto
lo que me intriga. Después de todo, Jesús había sanado la
mano de aquel hombre, había demostrado que es posible y
hasta bueno salvar una vida y actuar con compasión, inclusive
un sábado. No necesitó el permiso o la aprobación de los
fariseos para actuar con poder y sanar al hombre.

Esta es una historia de cambio. El ministerio de Jesús
propone una manera nueva de interpretar la ley, una forma
nueva de relacionarse con los otros que está fundada en la
compasión. Los fariseos temían el cambio y a lo desconocido
y permanecieron en silencio en lugar de considerar varias de
las posibilidades que propone la pregunta que Jesús formuló.

Creo que ese temor es lo que entristeció a Jesús. Tal vez Jesús,
el hijo de Dios, que comprende la grandeza de la misericordia
de Dios y las infinitas posibilidades de una vida nueva
en manos del Señor, estaba triste por las oportunidades y las
posibilidades perdidas por el silencio de los fariseos. Tal vez
Jesús sintió pena por lo que podría haber sido. Si los fariseos
hubiesen dicho: «Sí, sana a ese hombre y salva una vida»,
¿podría Jesús haber sanado no solo al hombre de la mano
seca sino cada herida, dolor y angustia presente en aquella
sinagoga? ¿Qué milagro se perdieron porque no respondieron
«Sí» a la compasión, «Sí» a la posibilidad?

Como seguidores de Jesús, declaramos la certeza de
que «. . . si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas
viejas pasaron; todas son hechas nuevas» (2ª a los Corintios
5:17, RVR). Al ingresar en un año nuevo y afrontar los cambios
que parecen llegar cada vez más rápido, ¿cuál será
nuestra respuesta a las nuevas oportunidades que se abren?
¿Dejaremos atrás nuestros temores y preconceptos y diremos
«Sí» a las posibilidades que nos ofrece Dios? Este año, quiero
decir «Sí» a la compasión y «Sí» a todas las posibilidades que
nos ofrece Dios. ¿Me acompañan?

Varias de las meditaciones de este número se ocupan de
temas relativos a cambio y transformación. Considere leer
nuevamente las siguientes meditaciones mientras reflexiona:
1, 6, 9, 23, 26 de enero y 4, 8, 25 y 26 de febrero.

Lindsay Gray
Directora Editorial