¡Registrese Hoy!

Siempre hiciste...

by Rodolfo Míguez on Monday, February 06, 2012

En este espacio de reflexión, vamos a incluir durante el año artículos escritos por figuras de diversos países en los cuales circula El Aposento Alto. Cada mes hemos invitado a una persona que nos comente sobre alguna dimensión de la oración. Esperamos que lean los artículos y comenten sobre ellos, que sirva como motivo de diálogo con otras personas y que sea un medio de gracia para cada uno.

El primero de estos blogs ha sido preparado por el Pastor Rodolfo Míguez, de la Iglesia Metodista en el Uruguay. En estos momentos es el encargado de la Coordinación del Archivo Histórico de la Iglesia Metodista en su país.

SIEMPRE HICISTE LO MEJOR QUE PUDISTE

«Ama a tu prójimo como a ti mismo.»
Marcos 12.31

¿Cómo podrás cultivar una vida de oración fecunda si todavía no eres capaz de amarte? Piensa con honestidad y discierne con la ayuda del Espíritu Santo desde dónde vienes remando para llegar a esta orilla de tu vida, y verás que aún en el peor momento, el más lamentable, el más vergonzante de tu existencia, hiciste lo mejor que pudiste. Por favor, practica este ejercicio tanto como sea necesario, porque Cristo te necesita para amar y para ello es indispensable, que puedas perdonarte.
Continúe leyendo

Estamos al inicio del nuevo año. Por eso es muy posible que hoy, todavía, la mayoría de nosotras y nosotros estemos en franco reacomodo de responsabilidades, deseos  y planes. Hablo de ese diario e incómodo tironeo interior entre lo que debo, lo que quiero y lo que puedo. ¿Verdad que conoces de eso? ¿O es que acaso tú no vives la intensa puja del alma por conciliar su humana condición de experimentar que quiere lo que no puede o no debe, que puede lo que no debe o no quiere, y que tantas veces debe lo que no quiere o ensayar aquello que está convencida que no podrá hacer?

Bien se yo que tú me entiendes, porque ambos, y todas y todos los que vamos caminando en este mundo, parece que estuviésemos hechos de la materia de un mismo sueño que nos pone al borde de un despertar al que le tenemos un miedo inconsciente. Miedo que pudo haberse convertido en pavor y llevarnos a usar de medicamentos que nos sostengan en el ritual cotidiano del vivir en la esperanza, de ser un poquitito más felices,  dentro de las vidas que nos tocaron. Porque mira, escúchame: han sido innumerables hasta hoy las cosas que a ti te tocaron, las que no elegiste. Si hicieras una lista quedarías anonadada si eres mujer, anonadado si eres hombre. Si te dieras cuenta de esto, si tu conciencia lo asumiera, llegarías rápidamente a comprobar que en un balance general, tú te has comportado como un artista de la vida merecedor de elogio y que no eres el fracasado o “esta que no quise ser”.

No permitas que el dolor se te empoce en el alma y piensa desde dónde has venido remando para llegar hasta esta orilla. Repasa los distintos elementos de la ecuación de tu vida. Respóndete por ejemplo, a las preguntas básicas: ¿Quiénes fueron tus padres? ¿Y los padres de tus padres? ¿Qué modelos de mujer u hombre, ellas y ellos, te dieron? ¿Qué sabías de la vida en aquel momento que tal vez te avergüence recordar y mucho? ¿Qué conocías de Dios y Su poder en esa hora que te viste como la peor de todas, el peor de todos? ¿Recuerdas quiénes formaban parte de tu entorno existencial? Haz memoria y sé justa contigo, sé honesto contigo mismo para que puedas empezar a amarte, si es que ya no lo haces. Cristo te necesita para amar, ¿pero cómo podrás amar a otros y otras, si aún no te amas a ti? Hace una eternidad que el Espíritu Santo te espera como el Padre a su Hijo Pródigo y está listo para llevarte al encuentro de aquella niña, o aquel adolescente, o aquel hombre que fuiste. Tal vez el tiempo ha llegado y es ahora, de que la tomes en brazos o lo estreches contra tu pecho diciéndole: “Hiciste lo mejor que pudiste”. Y le estarás diciendo la verdad, porque aún en el peor momento, el más vergonzante de tu vida, tú hiciste lo mejor que pudiste.

Con la mano en el corazón respóndete a aquellas preguntas y descubre que en aquel momento aciago, a esa altura de tu vida, realmente no podías haberlo hecho mejor contando con los modelos de los que dispusiste, la cultura que te definía, la experiencia de vida y el conocimiento de Dios tan escasos que tenías, y los grupos de referencia que exigieron lealtades secretas y devinieron en prisiones implacables.

Si todavía no lo has hecho, por favor, atrévete a perdonarte porque lo mereces y lo necesitas con urgencia. Y podrás cultivar una vida de oración plenamente fecunda, porque estarás viviendo en el amor.


Rodolfo Míguez
rodolfomiguez@adinet.com.uy

 

Link to This Blog Post

0 Comentarios

Sign-in to Comment
Real Time Analytics