La sabiduría de la vida
El Salmo 90.12 pide: «¡Enséñanos a contar bien nuestros días, para que en el corazón acumulemos sabiduría!» (RVC). Al inicio del nuevo año pensamos en los días por delante. Algunos de nosotros ya tenemos múltiples compromisos y planes. Tenemos toda clase de ideas sobre lo que queremos lograr y a dónde queremos ir. La base de todos estos planes es nuestra voluntad y nuestros deseos personales. Los seres humanos somos muy propensos a engañarnos a nosotros mismos. Nos convencemos de que todo está en nuestras manos. Vivimos pensando que nuestros planes son irrevocables.
El salmista, que hasta este punto ha reflexionado sobre la brevedad de la vida, de repente se plantea un concepto fundamental. Hasta este versículo ha reflexionado en las generaciones pasadas y cuán rápidamente pasa la vida. Esta meditación sobre el tiempo y la vida está expresada como una plegaria. De pronto, su clamor es que el paso del tiempo nos permita adquirir sabiduría. En el centro mismo del salmo, el salmista recuerda el poder detrás de ese tiempo: la presencia de Dios y su intervención en nuestra vida.
Una de las afirmaciones básicas de la fe cristiana es que Dios se revela a su pueblo. No es un Dios que se esconde, sino que se comunica amorosamente con la humanidad. A pesar de ello, los seres humanos preferimos caminar y hacer planes sin reflexionar. Sin embargo, cuán diferente es nuestra vida cuando cada día pedimos la luz divina sobre nuestras tareas y responsabilidades. Nuestra vida cambiaría profundamente si, al llegar la noche, pensáramos en lo que sucedió y de qué manera se ha manifestado la gracia de Dios.
Este año queremos invitarle a orar con El Aposento Alto. La primera dimensión que queremos proponerle es: ¿Cómo nos guía Dios? ¿Cuán abierta está nuestra mente y nuestro corazón para buscar esa dirección divina? Nuestro tiempo de oración puede ser un período en que busquemos la dirección de Dios y escuchemos su voz. En este año que hemos llamado de oración, consideremos incluir la práctica de unos momentos de silencio al principio del día para escuchar lo que Dios pueda decir. Asimismo, hagamos un examen de nuestra vida al concluir cada día. Examinemos lo que ha sucedido durante el día, y escuchemos a Dios a través de cada hecho. Mediante estas sencillas prácticas, acumularemos sabiduría en el corazón.
Carmen M. Gaud
Editora Internacional









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