El mensaje de la Navidad
El mensaje de la Navidad
Como en muchos otros lugares del mundo, en mi país, Puerto Rico, hay tradiciones muy particulares durante la época de Navidad. Una de ellas, de tipo popular aunque adaptada por algunas iglesias, es visitar por sorpresa los hogares en la noche. En la tradición secular, la costumbre es esperar a que los miembros de la familia estén dormidos para llegar a despertarlos con música. Las familias deben estar preparadas para recibir a los miembros de la parranda y prepararles comida. En las iglesias que han adaptado algo parecido, al menos existe la costumbre de avisar para que las familias se preparen y reciban al grupo.
El elemento común en ambos casos es la llegada de los visitantes cantando. El canto, en el caso de las iglesias, tiene un tema religioso apropiado para la época. Los cantos se hacen a la entrada de las casas, después de lo cual los visitantes entran al hogar a seguir cantando y a comer algunas golosinas. La experiencia une a los miembros de la iglesia, creando un clima de regocijo y de camaradería. Los vecinos de estas familias también reciben el mensaje, no a través de un canto chabacano o sin sentido, sino con un tema que recuerda qué significa la Navidad.
Esto nos trae a un tema muy actual. Por la forma en que se celebra y por las actividades en que se participa, para muchas personas el período navideño no es nada más que una excusa para ir de fiesta en fiesta, o para gastar más que de costumbre. Nada de lo que hacen tiene que ver con la razón por la cual ésta es una época diferente. Para los creyentes en Cristo, sin embargo, esta época señala la manifestación máxima del amor de Dios por la humanidad. Usando las palabras del evangelio: «Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad; y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre.» (Juan 1.14, RVR).
El cristianismo proclama este mensaje tan clara y consistentemente como puede en cada lugar y en todo tiempo. La invitación a recibir como Señor y compañero del camino a este Jesús que recordamos en la Navidad es parte importante del mensaje del evangelio. Para esto, cada generación y cada cultura necesita plantearse cuáles son los mejores medios de comunicar a otras personas el mensaje que les conduzca a la Vida. La predicación, la televisión, la radio y los medios sociales se usan actualmente. La conversación entre dos personas, sin embargo, sigue siendo un medio importante para anunciar el mensaje.
¿De qué manera puede usted proclamarlo? Tal vez el secreto del éxito y de la historia de la Guía de Meditaciones El Aposento Alto está en el hecho de que son testimonios de un Dios que camina diariamente con su pueblo. No es en el mensaje general o abstracto, sino en la experiencia personal y viva que descubrimos la obra de Dios siempre nueva. En una época en que gastamos más de lo necesario en muchas cosas que después descartamos, resulta importante pensar si esa es la mejor manera de afirmar nuestra fe. ¿No será mejor regalar esperanza al hablar de nuestra fe, de la vida que es posible en Jesucristo?
Carmen M. Gaud
Editora Internacional
¡En esta Navidad regale inspiración a sus seres queridos a través de El Aposento Alto, ¡envíelo hoy!









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